¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

«De esa masa estamos hechos, mitad indiferencia, mitad ruindad» – José Saramago, Ensayos sobre la ceguera.

La pandemia es solo una incidencia en nuestro tiempo, es sabido que cada tanto la naturaleza reconfigura sus proteínas en múltiples formas que afectan a las diferentes especies que compartimos este espacio llamado Tierra, y nosotros no somos ajenos a esas transformaciones, es más, somos producto de dichos cambios evolutivos que en la actualidad nos pone en la cima de la cadena alimenticia,  no olvidemos de dónde venimos, y que, solo hemos asistido a una mínima fracción del tiempo cósmico si entendiera esto la humanidad tendría presente, sus acciones, sus relaciones, sus ambiciones y sus formas de fe, y como se va constituyendo en la conciencia según el pueblo al que  pertenece y como los rasgos individuales se transforman en conciencia colectiva  el continuo baile de la fiesta memorial; Nos muestra que la idea misma de Dios no reposa en ella misma, sino que es un continuo ir y venir aparece y desaparece según la condición; si se está en complacencia él ingresa en el olvido, pero si estamos en dolor, angustia o enfermedad regresa.

La literatura es reflejo continuo de ese juego que resulta de la memoria y las palabras, algunas veces con el ánimo de denunciar, otras con el ánimo de halagar, y otras tantas con el fin de soñar un mundo diferente. Entonces ¿cómo se refleja o más bien cómo actúa la literatura en medio de la crisis mundial?, ¿qué papel realiza en la humanidad?, para intentar responder estas preguntas me centraré específicamente en el papel de la literatura.

Es evidente que a partir de una crisis la humanidad se reconfigura en su forma de actuar con el mundo, de allí que la literatura es huella que devela sensaciones, emociones, temores y sobre todo dudas, una muy recurrente es ¿dónde está Dios? En “Cien años de soledad” de García Márquez en un pasaje relata sobre una peste que azota Macondo, esta peste produce insomnio y perdida de la memoria en un inicio la falta de sueño permitió a los pobladores de Macondo realizar cuantas tareas tenías pendientes hasta el punto que un día no tenían nada que hacer, así en los giros al sol y la caída de la noche el pueblo quedo despabilado por mucho tiempo, la pérdida de memoria se empezó hacer notoria al punto que cada cosa debía ser marcada con el nombre y la función que cumplía.

De allí que surge la necesidad de recordar que Dios existe.

“En la entrada del camino de la ciénaga se había puesto un anuncio que decía Macondo y otro más grande en la calle central que decía Dios existe.” (cien años de soledad, pág. 45)

Quien pierde su conexión con la realidad la abstrae en una idea y a partir de palabras crea un contacto artificial que le mantiene en una relación constante con lo que perdió, Garcia Márquez nos dibuja en su obra a un pueblo que perdió el sueño para luego perder su memoria y entrar en la amnesia colectiva una obscuridad más profunda incluso que la recreada por Saramago en el ensayo sobre la ceguera, mi hipótesis es; que la humanidad cayo en la oscuridad de la razón y dejo de estar inmerso en un universo lleno de misterios que asombraban su ser, para reducir en unos libros y en un millar de palabras la forma y el contenido de Dios, domesticaron la fe, e incluso le dieron un conjunto de características; valores, virtudes, principios, mandamientos, sacramentos, así establecieron patentes que garantizaban a quien las acogiera el acceso a paraísos privados, después de la muerte.

En el marco de la realidad actual cabe revisar el papel de la iglesia Católica en tiempos de pandemia por ser la única iglesia contemporánea con vasta experiencia en exterminios naturales e imperialistas aun hoy se puede reconocer en ella una indiferencia por los pobres de los que tanto se ufanaba en pastorear, continúan manipulando conciencias de lo que sacan provecho y ampliando su fortuna. Siete elementos de valor conforman los principios de la fe católica, virtudes cardinales según ellos:  prudencia, justicia, fortaleza, templanza, fe, esperanza y caridad. Las cuales suponen un bienestar a la humanidad en general, cosa diferente nos ha mostrado la historia, aquí la definición.

Prudencia es la medida justa, esta virtud es la que regula todas las demás virtudes.

“así que, mientras tenemos tiempo, hagamos bien a todos, y sobre todo aquellos que son, mediante la fe, de la misma familia del señor que nosotros.” (gálatas 6,10)

Si los principios vienen siendo para los fieles lo que aquellos papelitos donde se inscribe el nombre y la utilidad del objeto en cien años de soledad quiere decir que hemos remplazado la practica natural de la prudencia por la definición de esta virtud, y supone que basta recordar de memoria el principio para constituirse en prudente. No fue así, no es así, y no será así, todos los niños abusados por la institución y sus ministros dan prueba de ello. Toda su riqueza acumulada los desacredita como caritativos. Todo el silencio que han guardado ante las acciones criminales de cuanto gobierno e imperio han acompañado los pone lejos de la justicia. Y así cada una de las virtudes se han ido al traste en la práctica, pero se han mantenido en la palabra.

Justicia, otra de las virtudes que bien solo puede venir de Dios, ya que los hombres deben a la justicia solo lo que corresponde a su interés particular de allí que la justicia bíblica es solo bíblica, porque los hombres que profesan la fe, de justicia solo la saben burlar ya que en su capa religiosa solo esconden su hambre feroz hacia los niños, hacia el dinero, y el poder.

La literatura fue en su tiempo el ejercicio libre de las posibilidades del universo de las ideas pero como toda idea es una abstracción de la realidad, termino siendo la plataforma, la vitrina, el estante donde se cuelgan marcas, productos, comportamientos, normas, que mantienen un status quo, un sistema, la iglesia ahora se llama civilización occidental, y hay culto al cine, culto a la novela, culto al espectáculo, culto a la música, muchos cultos, será que el trabajo de la iglesia estuvo terminado ya hace varios siglos y supieron instalar por permanencia nuestra obediencia a lo masivo?

Sucumbimos hace años, estamos ciegos sin remedio a lo que culturas perdidas en selvas insondables supieron y conservaron hasta su extinción, el asfalto amaño nuestras plantas al fluir rápido y sin esfuerzo, ahora nos resignamos mansos a las casas por celda, en el futuro solo conoceremos del mundo a través de la literatura que sobre ella se escribió y los que la recordamos escribamos, y será en vano porque nuestro recuerdo insuficiente será desterrado algún día de nuestras neuronas.

Escrito por: Orlando García.

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