La literatura una ventana para el alma

Los hechos abruptos de la vida nos llevan a cuestionarnos sobre el sentido de la misma, nuestra existencia y todo lo que ha acontecido en ella es, para algunos, lo que han soñado y para otros simplemente con lo que les ha tocado conformarse, pero muchos convergemos en que hoy más que nunca anhelamos volar al vernos enjaulados.

Entonces ¿cómo podemos mitigar un poco toda esta ansiedad que surge ante esta situación? Considero que una respuesta puede ser la literatura, ya que en ella hay situaciones en que nos reconocemos y así nos brinda cierta tranquilidad para el alma.

Citando a Mario Mendoza en La melancolía de los feos encuentro un sentir compartido:

“No sé por qué a veces, en ciertos momentos complicados de la vida, nos caemos en agujeros negros sin darnos cuenta. Vamos rodando tranquilos, todo fluye bien y de pronto, de un momento a otro, se abre el mundo e ingresamos en las peores zonas de nosotros mismos. Puede ser una ruptura amorosa, la muerte de alguien cercano, la crisis de la época, el vacío de nuestro tiempo o, simplemente, una melancolía que no sabemos de donde proviene.

Lo cierto es que caemos y caemos. Levantarse es difícil, todo lo vemos negro. El mundo allá afuera, nos parece una trampa desagradable y tediosa. No dan ganas de nada. Es grato quedarse en casa…”  Pág. 194

En este fragmento pareciera estar frente a un espejo y mi mirada acaba de decir todo lo expresado por Mario Mendoza y él no sabe de mi existencia, y ha logrado plasmar el sentir, emociones y pensamientos de personas que desconoce, en un tiempo diferente. Este texto corresponde a una publicación del 2016 y me imagino que el escrito es de poco antes y aun así presenta una gran coincidencia con lo que estamos viviendo, por lo tanto, me hace pensar en “la subjetividad del tiempo” de la que habla Cortázar “Todo es distante y diferente y parece inconciliable, y a la vez todo se da simultáneamente en este momento, que todavía no existe para mí y que es, sin embargo, el momento en que usted escucha estas palabras que yo grabé en el pasado, es decir, en un tiempo que para mí, ahora, es el futuro.
Juegos de la imaginación, dirá el señor sensato que nunca falta entre los locos. Como si eso fuera a decir algo”

 Y es el arte el que viene a darnos una luz, encontrarnos en lecturas, reflejarnos en anécdotas de hace muchos años, nos ayuda a compartir ciertas preocupaciones, a aliviar un poco la carga de esta tensionante crisis y de cierta manera a no sentirnos tan solos.

Por este mismo camino llego a Los diarios de Alejandra Pizarnik

“Alejandra: tienes cuarenta días de angustia inconfesable. Cuarenta días de soledad ahogada, sin probabilidades de confesarla. Sin un rostro amado a quien quejarse de la desgracia que se prende a tu destino. Alejandra: ese rostro amado es uno solo y se ha ido. Es como si te hubiesen arrancado todo. Es como si te hundiesen en la fría suma de los días para que en ellos te aturdas tratando de olvidar su ausencia. Alejandra: has de luchar terriblemente. Has de luchar tú y tu cuadernillo. Han de luchar ambos, pues los ojos del amado rostro dicen que quizás no esté todo perdido. ¡Quizás haya aún algo por salvar! ¿Qué?, preguntas. ¡Tu alma, Alejandra, tu alma!

Planes para cuarenta días:

  • Comenzar la novela.
  • Terminar los libros de Proust.
  • Leer a Heidegger.
  • No beber.
  • Nada de actos violentos.
  • Estudiar gramática y francés” Pág. 76

Me encuentro en ella, en estos días de angustia y de soledad, luchando por mí, por mi alma y buscando incesantemente planes de cuarentena, sacándole provecho a estos momentos y así poder llevarlos a la creación literaria, puesto que, la escritura para este tiempo es una herramienta para descargar el alma, llevar al papel las narraciones de lo que estamos viviendo y sintiendo a la luz de cuatro paredes algunos en total soledad, otros en familia, pero muchos con gran angustia ante tanta incertidumbre.

En consecuencia, en el siguiente fragmento expreso uno de los tantos sentimientos que han surgido en este malestar:

Miedo a la muerte, una muerte de masas

Pero es necesario morir

es el tiempo de matar todo lo malo que tenemos,

Ya el planeta no nos aguanta más,

Nuestro egoísmo nos está llevando a la destrucción.

Vamos a morir y que sea una decisión consciente

Hoy matamos todas las banalidades

Para mañana revivir nuestra humanidad.

A modo de cierre, considero que: El corazón es un lugar común donde se guarda el amor por la vida, por lo que se hace; la mente es otro lugar común donde se guardan los ideales, los sueños, y la literatura nos permite dirigirnos hacia todo esto.

NERY MAHECHA

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