MI ALIADO, MI AMIGO, EL QUE ALGUNA VEZ JUZGUÉ

Confinada en una ambiente tecnológico, rodeada de monitores, teclados, cámaras y micrófonos, es  la única posibilidad que tengo de tener algún contacto con el mundo exterior, con mis hijas, mi familia,  mis estudiantes, compañeros y amigos; ahora en medio de una situación que jamás pensé llegar a vivir, porque se tenía la posibilidad de tener lo más querido junto pero quizás no apreciado, tener la libertad y el libre albedrío de salir a donde se quisiera y estar en donde se gustase, pero hoy en medio de  esta pandemia, donde tenemos cantidad de restricciones, decretos y nuevas normas sociales que nos imponen para preservar la vida, la mía, la tuya y  demás personas, que nos alejan más de la humanidad llegan a mi mente infinidades de reflexiones y pensamientos.

¡El mundo vive una pandemia! un cruel virus, un enemigo invisible, que se propaga de una manera abrupta, y con ello todas las diferentes situaciones que agobian, “pero la función tiene que continuar”,  de igual modo siguen mis actividades académicas y laborales, pero para que esto sea posible que mejor al que alguna vez quise ignorar, quizás por temor, por falta de tiempo, interés, por no haber desarrollado las habilidades y competencias que lo requieran, o tal vez con la disculpa de pertenecer al área  humanista y estando en el aula defendía por todos los medios el contacto directo con las personas que me rodeaban.

Hoy se ha convertido en mi mejor aliado, mi fuente, mi instrumento, mi insumo y es para mí casi vital; es una oportunidad maravillosa la que me da la tecnología hoy en día en esta absurda realidad, la de ver a mis hijas en un tiempo sincrónico, a mi familia el poder enviar un mensaje de aliento o un video sobre alguna reflexión de esperanza en esta terrible situación, de mantener mi trabajo, ya que la directriz institucional es continuar con las clases virtuales, tutoriales y presentaciones que enriquezcan el desarrollo de  la misma, reuniones de área y de grado, citación a padres de familia sin olvidar las jornadas pedagógicas y esto, todo esto gracias a la alguna vez criticada Tecnología.

Recuerdo en estos momentos a Sábato, en su libro la resistencia en su primera carta “Lo pequeño y lo grandeMientras les escribo, me he detenido a palpar una rústica talla que me regalaron los tobas y que me trajo, como un rayo a mi memoria, una exposición “virtual” que me mostraron ayer en una computadora, que debo reconocer que me pareció cosa de Mandinga. Porque a medida que nos relacionamos de manera abstracta más nos alejamos del corazón de las cosas y una indiferencia metafísica se adueña de nosotros mientras toman poder entidades sin sangre ni nombres propios. Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida. (pag.8)

En el transcurso de la carta, Sábato hace una dura reflexión sobre esta herramienta, la cual hoy es la que me permite estar en contacto con el mundo exterior, si bien es cierto, y totalmente de acuerdo, muchas veces me dejé absorber por las redes sociales, prioricé las nuevas distracciones tecnológicas sobre momentos que hoy en día anhelo, extraño y deseo con todas las fuerzas de mi ser. Pero siento que de todo debo aprender y es el momento de hacer un alto en el camino mirar hacia tras y cuando se presente nuevamente la oportunidad  de volver a salir al mundo ser mejor, valorar y resignificar las prioridades, pero sobre todo tener una mente abierta para seguir creciendo y brindar lo mejor para desarrollar en mis estudiantes las competencias del siglo XXI.

LUISA PATRICIA LOZANO

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