Soy espejo y la cura en mi reflejo

Reflexión a la luz de las posibilidades de curación de la literatura para una pandemia
Buscamos siempre el absoluto y no encontramos sino cosas.
Novalis.

Entre la condición humana y desde las extensas promesas que palpitan para atestiguar la vida al saber que dentro del caos se puede pensar en un pulso de sobrevivencia y una potencia interna del ser para no solo pretender evadir el peligro que implica la existencia en medio del padecimiento sino para comprender su propia razón.

Los días y la costumbre se han ido modificando en nuestro ahora, pero se considera que en cada sustancia de nuestra condición humana existe y permanece la fragilidad con la que nos profesamos eternos, y cabe en la verdad de esta existencia una fuerza íntima y poderosa que guarda las posibilidades de hallar en la permanencia del ser una convicción de salvación y de encuentro consigo mismo. Pensar en las circunstancias que nos circundan en este momento de crisis y en las que se encuentran nuestras formas de consciencia y de reflexión que recaban hacia diferentes maneras de encuentro con otros, nos obliga a buscar el refugio en espacios que libren el peso de aceptar que entre nuestras presencias flota una enfermedad que no solo enmudece el cuerpo sino que hace del espíritu un acumulado de sustancias y de energías cansadas.

Entonces, cuando se buscan las razones para determinar en el ser y en el estar bajo estas condiciones extrañas de cotidianidad aparece la narrativa que cuenta los días, los imaginarios de los habitantes que extrañan sus propios yos en las calles y entre la multitud, el ruido que ahora es silencio y que hermetiza el paisaje visto por la ventana. Considerar que hay en la forma de contar, en la forma de hacer permanecer vivo el instante, de construir con el rito de la palabra la inmensa esperanza se gestarse de nuevo y mantener sobre la espalda a un mundo que se contradice.

La literatura resulta siendo el encuentro con esos lugares en donde renacen las posibilidades de comprensión de la realidad de maneras diferentes y soportadas en los imaginarios, en el acto de enfrentar la levedad de la existencia. En medio del gesto cruel y frío de una pandemia la literatura ha sido uno de los destinos a los que el habitante de la ciudad de Bogotá tiene el legítimo derecho y deber a reclamarse en él mismo, porque es la que vierte las respuestas desde otras realidades y desde sus otras perspectivas le da a la subjetividad la oportunidad de blindar la experiencia y de ser atravesada con otros sentires.

Bajo estos momentos de ensimismamiento, la literatura ha ocupado un espacio que va trascendiendo ya que nos convence de que en ella reside la contemplación sensata de la imagen ideal y posible de mu ndo. Existe en ella una voz que convoca a resistir las culpas y los acontecimientos que la enfermedad y un pánico en ella contienen. Es por ello, que cabe en nuestra consideración convencernos de que germina en el lenguaje mismo esa necesidad auténtica de ir hacia la literatura, de encontrar en sus recovecos un descanso que proporcione en esa inconstancia la verdad de continuar creando. Se posee el lenguaje, “no

comprendo el lenguaje y es lo único que tengo. Lo tengo sí, pero no lo soy. Es como poseer una enfermedad o ser poseída por ella sin que se produzca ningún encuentro porque la enferma lucha por su lado —sola— con la enfermedad que hace lo mismo.”1

Se ha visto, también, que dentro de esas maneras de resistencia se encuentra la lectura y la escritura como formas que defienden el sentido estético de la realidad a pesar de las condiciones que nublan el carácter, y han sido éstas las que se han ido manifestando por acciones de reconstruir y de darle un nuevo nombre a una enfermedad que no solo viene a aparecer en el actual momento sino que ha sido representada en múltiples formas de miedo y de olvido.

Las manifestaciones de esa fuerza espiritual se han visto en los diferentes espacios que invitan no solo a leer sino también a escribir desde la percepción de la experiencia singular, de crear las imágenes que reconstruyan el contexto y sean la expresión auténtica de un ir y venir. La acogida de este inmenso ejercicio aporta desde un sentido estético el valor a la vida y es precisamente una de las funciones que cumple en estas instancias de crisis. El poder de revelar en símbolos constantes lo que se presenta como enigma, en este caso podemos decir que el enfrentamiento a una pandemia se combate desde el interior con el reconocimiento de una escritura que también forja el cuerpo de quien padece y quien se libra cuando encuentra una manera de identificarse en quien escribe su propia historia, este es el caso de la literatura. Allí, el lector es quien encuentra en la narración de otro una conversación con su propia historia y que decide en ese momento crear el comienzo o bien sea la continuación de lo que considera lo define.

Es así que, el lector encuentra en esas otras narraciones su propia existencia que lo conduce a repensar en su condición, condición que lo problematiza sacándolo del estado paradójico de su realidad. En este acontecer que involucra nuestros deseos de salir libres y por fin curados de una fiebre que desbarata la consciencia y que remedia un poco el trastorno de alejarnos de lo que verdaderamente somos. La aparición, además, de la poesía resulta siendo un conducto que transita una manera más de describir y embellecer el sentir de los tiempos y que ha hecho de las expresiones conjuntas e individuales el escenario para acreditarle en características más profundas el valor a una compañía, a “un lugar donde todo es posible.”2

Queda en el ejercicio de la composición, de la lectura y de la escritura una oportunidad para adentrarnos y soportar artísticamente, bien como lo han hecho colectivos, talleres de escritura y que en su interés pleno de mantener la actividad creativa, fomentan que también en medio de la desgracia y de la angustia caben los designios de los arquetipos que nos construyen y nos intentan nombrar como hombres. Escribir y leer hace parte de esta búsqueda y del aprendizaje que por ejemplo, también se evidencia en el aula, convertida ahora en un confinamiento que puede apartar la ilusión con la que se piensa en la palabra y que ahora es un instrumento para recordar el camino hacia donde volver.

La literatura, así como el ejercicio lector y escritor acontecen en conjunto en medio de un espacio de interiorización, de conocimiento íntimo de quién se acerca a vislumbrar entre su estado de incertidumbre y de angustia la posibilidad de encontrar el regocijo en la reflexión que más que particular es necesaria y urgente de permitir a la consciencia resolver a través de este tipo se situaciones las preguntas que se evaden por los afanes que nos dibuja el tiempo, que figuran en la lista de esperas por el propio significado y el valor de ir más allá de nuestras limitaciones, en donde el momento de transgresión a nuestra humanidad sea el reflejo frente a un espejo que relata lo que somos y lo que en experiencia reunida podemos conquistar.

 

  1. 1. Pizarnik, Alejandra, Diarios, Editorial Lumen, 2014, 569.
  2. 2. Pizarnik, Alejandra, Prosa completa, Editorial Lumen, 2014, p. 29

 

BRIGITTE GOMEZ 

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